el destete por
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El destete
La edad en que ocurre el destete por completo, es decir, que
el niño abandona definitivamente la leche materna, es variable y está
influido por factores de muy diversa índole, tanto biológicos como
sociales y culturales.
Hoy sabemos que no existen razones científicas por lo que se deba
recomendar dejar la leche materna a una determinada edad. Cualquier
recomendación sobre una edad óptima de destete está basada en opiniones
personales, teorías no contrastadas empíricamente o simples prejuicios.
Cual debe ser
la duración de la lactancia materna es
una decisión libre de cada madre y de cada hijo, salvo que se produzca
una situación de emergencia que fuerce a finalizar el amamantamiento.
Se debe tener en cuenta que el destete no solo es un cambio en la
dieta del niño, sino que es un asunto muy serio con gran repercusión
emocional para él y para su madre. El niño puede experimentar
sentimientos de frustración y de abandono, al no entender por qué su
madre le niega algo tan importante para él; la madre, a su vez, puede
experimentar sentimientos de pérdida y de tristeza por haber tenido que
cambiar esta forma de relación íntima con su hijo.
Por todo ello las recomendaciones arbitrarias sobre la limitación de
la lactancia materna, que no tienen en cuenta los deseos de la madre y
de su hijo, son simplemente inaceptables.
Destete forzoso
En algunas ocasiones el destete se hace inevitable por causas médicas
u otras (enfermedad grave de la madre o el niño, accidente, situación
de emergencia, separación prolongada, etc).
Cuando el destete ha de ser impuesto, por un motivo totalmente
justificado, antes de que la madre o el niño estén preparados para ello,
ambos necesitarán apoyo y comprensión.
De todas formas, antes de tomar esa decisión, sería de gran
importancia buscar información contrastada sobre la necesidad de ese
destete, ya que con demasiada frecuencia se tiende a inhibir lactancias
sin una justificación científica real.
Conviene saber que los
medicamentos realmente incompatibles con la lactancia son muy pocos y las enfermedades que contraindican la lactancia son menos aún.
Destete voluntario
El destete puede ocurrir a iniciativa de la madre o del niño. En
situaciones ideales sería deseable que el destete se produjera de mutuo
acuerdo y fuera un proceso tan satisfactorio y enriquecedor como la
lactancia, pero esto no siempre sucede.
La decisión sobre el momento del destete puede tener grandes variaciones de una madre a otra y también de un niño a otro.
En ocasiones la madre puede sentir deseos de poner fin a la lactancia
antes que su hijo esté preparado para aceptarlo. Otras veces quien
decide ponerle fin puede ser el niño a pesar de que su madre no tuviera
ningún inconveniente en continuar.
Sea cual sea el momento en que uno de los integrantes de la pareja
lactante desea ponerle fin, o sean cuales sean los motivos, es
importante recordar que se trata de una opción personal y que todas son
respetables.
Destete a iniciativa del niño
Si el destete sucede a iniciativa del niño va a ser él quien marque la pauta.
Algunos niños simplemente un buen día deciden que no quieren mamar más.
Otros lo hacen más despacio, paulatinamente se van desinteresando por
la lactancia materna, reduciendo la demanda hasta que ésta cesa por
completo. Los hay que primero maman solo una vez al día, luego una vez
cada varios días, hasta que simplemente dejan de pedir.
Un nuevo embarazo puede tener un papel en el destete del hijo
anterior. Debido a los cambios de la leche durante el embarazo (menor
volumen, distinto sabor) muchos niños se destetan solos en esta época.
Otros prefieren seguir mamando, y continuar haciéndolo tras el
nacimiento del nuevo hermano. A esta situación de dos niños de
diferentes edades mamando a un tiempo se la ha llamado “
lactancia en tándem”.
Destete a iniciativa de la madre
Una madre puede tener diversas razones para desear finalizar la
lactancia materna; desde razones médicas, emocionales, presiones
familiares, sociales, etc.
El momento en que una madre empieza a desear el cese de su lactancia
es también muy variable. A algunas les puede suceder a los pocos días o
meses, a otras al cabo de varios años.
En cualquier caso, de ser posible, siempre es preferible un destete gradual a un destete brusco. Este último puede generar
ingurgitación mamaria (pechos hinchados, duros y doloridos) e incluso
obstrucciones, mastitis e incluso abscesos
(inflamación e infección más o menos severa del pecho tras disminuir el
drenaje), que no ocurrirían si se permitiese la adaptación de la mama a
la disminución progresiva de la succión, como ocurre durante el destete
gradual (a menor succión, menor producción, hasta que ésta cesa por
completo). Desde un punto de vista emocional el destete gradual también
es más fácil para el niño.
El destete supone mucho esfuerzo, y madres que han destetado
activamente a sus hijos suelen decir que no les quedaba mucho tiempo
libre, ya que tenían que emplearlo en distraer a sus hijos de otro modo.
Los niños que son destetados antes de superar su necesidad de mamar
pueden empezar a chuparse el dedo o incluso a usar chupete si se le
ofrece, siendo sustitutos del amamantamiento que pueden proporcionar
cierto consuelo a un niño frustrado por el destete.
La noche puede ser un momento especialmente difícil para un pequeño
que espera mamar y no puede entender la reticencia de su madre; a esa
hora pocos de la familia van a estar especialmente racionales y
pacientes; el padre puede hacer que el proceso nocturno sea mejor
tolerado, proporcionando los cuidados nocturnos al pequeño.
Hay que aceptar la protestas del niño si llega el caso, tiene derecho
a quejarse si le quitan algo que era importante para él. Ofrecerle
apoyo y consuelo facilitará que al final lo asuma.
Del mismo modo hay que aceptar la decisión de la madre sean cuales
sean sus razones. Amamantar es cosa de dos y si uno no quiere seguir
está en su derecho también. La lactancia materna no debería ser nunca un
sacrificio.
Ideas y sugerencias para acelerar un destete
No ofrecer, no rechazar
No garantiza el tiempo que pueda prolongarse el destete. Es el menos doloroso para el niño.
Distracción
Se trata de identificar los momentos, lugares y circunstancias en los
que el niño suele pedir el pecho, y anticipar alternativas al
amamantamiento, para que el niño dirija su atención hacia algo nuevo y
atractivo en vez de hacia la pérdida de algo entrañable como mamar.
Sustitución
Se ofrece comida o bebida al niño para evitar que pida el pecho por
hambre. No se trata de sobornarlo con golosinas para que deje el pecho.
Sólo funcionará cuando el niño tenga hambre. Hay que tener en cuenta que
los niños también maman por afecto hacia su madre, para sentir su
cercanía, por consuelo si están cansados, frustrados o con miedo.
Aplazamiento
Con un niño que ya nos entiende se puede negociar el demorar una
toma. El niño debe ser lo bastante maduro para aceptar la espera. Se le
puede ofrecer algo que le mantenga contento mientras tanto.
El destete por abandono, es decir que la madre se separe del niño por
unos días, no es recomendable, ya que el niño no solo se ve privado
bruscamente de la leche de su madre, sino también de su presencia, que
es vital para su salud afectiva y emocional (3).
Si la madre no quiere o puede hacer un destete paulatino y desea
interrumpir la lactancia lo más rápido posible, en todas las culturas y
épocas se encuentran testimonios de estrategias variadas.
Poner tiritas en los pezones y decirle al niño que las tetas están
enfermas, untar los pezones con cremas con un color, olor o sabor que
resulte desagradable para el bebé, etc., son las más habituales.
Por ejemplo, en algunos países, las madres se untan el pezón con aloe
vera ya que parece ser que su sabor no gusta a muchos niños. Estas
estrategias no son ni buenas ni malas, mejores o peores, simplemente
pueden ser eficaces.
El destete natural
Algunas personas creen que si el niño no es activamente animado a
destetarse, no lo hará nunca por sí mismo; sin embargo, esta idea es
errónea, como lo demuestra el hecho de que en sociedades en que se
permite al niño mamar tanto tiempo como quiera, acaba por destetarse él
solo.
En la mayoría de sociedades humanas el destete suele ocurrir pasados
los 2 o 3 años de edad; en nuestra cultura ocurría así hasta hace poco
más de un siglo. Los acontecimientos que han condicionado en nuestro
medio el rechazo cultural hacia la lactancia más allá del primer año son
complejos, pero no dejan de ser cuestiones culturales, que no tienen
que ver con las necesidades biológicas o psicológicas del niño.
Está muy extendida la creencia de que a partir de una cierta edad la
leche materna no alimenta, que el niño mayor que mama es por vicio, o
que prolongar la lactancia afecta negativamente el desarrollo
psicológico del niño. Estas creencias han llegado a calar profundamente
en la mayoría de las personas, incluyendo médicos, psicólogos y
pedagogos.
Esta presión cultural en contra es el principal inconveniente de la que se ha denominado “
lactancia prolongada”;
en algunos países, como Estados Unidos, es algo tan inusual que algunos
han llegado a verla como una perversión. Existen casos de madres
acusadas de abusos contra sus hijos.
De hecho, el estigma social de continuar amamantando a un niño que ya
camina o que va a la escuela fuerza incluso a madres seguras de sí
mismas a hacerlo en la clandestinidad; los que más han dañado la
lactancia prolongada han sido los profesionales de la salud, dando
información sin base científica real, a la vez que desalentando a las
madres que han querido prolongar la lactancia.
Cada especie de mamíferos tiene una edad en la que el destete ocurre
de forma natural, que probablemente esté condicionada genéticamente,
aunque en nuestra especie es difícil deslindar lo cultural de lo
biológico.
Cambios en la leche durante el destete
Existe la creencia popular de que a una determinada edad del niño la
leche materna pierde sus propiedades nutritivas. Esto no sólo no es así,
sino que no existe ningún alimento que aisladamente supere el valor
nutritivo de la leche. Si que la pueden superar en algún nutriente en
concreto (por ejemplo, el hígado la supera en hierro, la papaya en
vitamina C y la carne de buey en proteínas) pero no en todos a la vez;
de manera que la leche materna sigue siendo el alimento más nutritivo de
cuantos pueda tomar un niño, aunque tenga tres o cuatro años.
Existen algunos estudios que evalúan los cambios en la composición de
la leche materna durante el proceso del destete, en ellos se demuestra
que el volumen de leche disminuye en proporción a la cantidad de otros
alimentos que tome el niño (a menor hambre, menor succión y menor
producción de leche). La concentración de proteínas aumenta hasta el
142% del basal, los lípidos mantienen su concentración, el hierro
aumenta hasta el 172%, el calcio permanece constante y el zinc disminuye
hasta el 58% del basal (5). Los factores inmunitarios se mantienen
durante el destete gradual (6). Hay que decir que estos estudios se
hicieron en niños que fueron destetados por causa del propio estudio, a
la edad de 7 meses, y que el destete duró 3 meses, pero no dice nada de
lo que puede ocurrir durante el destete natural, que puede tardar varios
años.
Falso destete
A lo largo del primer año de vida pueden existir momentos en los que
el niño muestra un menor interés por la lactancia, como consecuencia de
su propio desarrollo (por ejemplo, alrededor de los 9 meses) (7). Esto
no debe ser confundido con el verdadero destete. Más bien es
consecuencia del creciente interés del niño por su entorno, que le hace
distraerse fácilmente del pecho. En un ambiente tranquilo, con luz
tenue, con un menor nivel de estimulación, el niño mamará cuanto
necesite, recuperando “el tiempo perdido”.
Si pensamos que la leche es un alimento de gran importancia en la
dieta del niño, al menos durante sus dos primeros años de vida, no es
razonable pensar que ya no le hace falta la leche de su madre pero sí en
cambio otro tipo de leche. La naturaleza no tiene previsto que una cría
tome leche de una especie distinta a la suya.
En cualquier caso, si una madre no desea prolongar la lactancia hasta
que el niño decida dejarlo, tal vez le sea más fácil destetarlo entre
la edad de los 9 y 14 meses. Sin embargo la decisión de la madre de
destetar puede no ser firme a esa edad, por lo que no se debería alentar
a la madre a que lo haga con el fin de evitarle supuestas futuras
molestias que tal vez no se presenten nunca.
Huelga de lactancia
A veces ocurre que un niño de repente se niega a mamar de forma brusca. A esta conducta se ha llamado “
huelga de lactancia”,
es autolimitada y no debe ser confundida con un verdadero destete. Las
causas de esta situación pueden ser muy variadas y a veces una madre
tendrá que investigar que ha ocurrido en su caso. Si se identifica y
evita el motivo, la lactancia continuará.
A veces puede ser necesario más esfuerzo, especialmente si el motivo
no ha sido identificado o no es evitable. Puede ser útil ofrecer el
pecho en un lugar relajado, a media luz, sin distracciones o cuando el
niño está medio dormido. Suele ser contraproducente intentar rendir al
niño por hambre. Mientras se reinicia el amamantamiento la madre puede
extraerse la leche, que le puede ser ofrecida al niño con vaso o
cucharilla.